jueves, 15 de noviembre de 2007

Los empleados de Presidencia

Los soldados de trinchera desechable

Aunque no debería, no puedo resistir opinar sobre el comportamiento, para mí equivocado, de algunos beneficiados por la, valga la redundancia, bendición de estar orbitando en torno al poder. Me refiero concretamente a los empleados "de confianza" en el ayuntamiento que ni son de nómina legal, ni sindicalizados, ni funcionarios de ninguna clase; de esos que son mera barrera para intimidar al solicitante de algún trámite o consulta y que mantiene a ese pueblo lejos del alcane del funcionario a tratar. Vamos hombre! de esos de salario de cinco mil pesos al mes que sin poder captar por cohecho cada tres años rezan porque vuelva a ganar el mismo partido que los puso en ese, insisto, privilegiado lugar que les garantiza tarjeta telcel o movistar, lociones, comidas caras y regalos en navidad... mientras dure la administración, claro.


Todo sale a colación porque el otro día pasé a visitar al Sr Raúl Cardiel y aunque mi visita no tenía relevancia alguna -un saludo personal- me llamó la atención que fui recibido por una chiquilla de escasos 26 años, de anteojos de esos Devlyn queretanos o celayenses y traje sastre (muy probablemente morololeonense) con un despectivo tono de rutina consabida al estilo de "Qué se le ofrecía?" (nótese, ni siquiera "se le ofrece" sino "se le ofrecía") y el interrogatorio de "De parte de quién?", "Para qué lo quería?" y todas esas aburridas cosas que acepto obligadas pero en las que en el pedir está el dar y la chamaca definitivamente me estaba tratando como delincuente o como si yo fuera a pedir limosna o algo.

Le pregunté cuando podría encontrarlo y me salió conque el jueves (aclaro que eso sucedió el mártes en la mañanita) e insistió en que le dejara mis datos. Mi primer impulso fue decir mi nombre y respondí: "De Tonatiuh...." y en ese momento me surgió esa perversidad que de repente le sale a un inadaptado social como un servidor. Voltée a ver a la jóven sin poder evitar la mas irónica sonrisa que esconde las mas acres intenciones de incomodar a quien lo hace sentir incómodo a uno. Torcí mi horrible sonrisa burlona y corregí: "De Messy Blues", la chamaca me miró como pensando "Qué clase de estúpido nombre es ese?????" y la hice trabajar porque le pedí una hoja, una pluma y escribí en el papel mi mensaje a Raúl Cardiel firmando precisamente como "Messy Blues" e incluyendo un paréntesis diciendo "Tona".

Eso que yo hice fue tan innecesario y la verdad taaaaaaan neurótico que acepto haberme excedido pero hay una prima tan esencial como el hecho del que nunca me cansaré de decir, gritar y asegurar que todo empleado en el ayuntamiento, todos por igual, son empleados de nosotros, el pueblo que paga impuestos y que la chamaca incluída nos debe a nosotros, el pueblo, un poco más de respeto.

Acepto que habrá mas de un oportunista y que tendrán que soportar a demasiada gente pero precisamente para ese tipo de puestos existe gente mucho mas preparada que la escogida por el dedo (y es en buena lid tal expresión) y mucho mas competente que la escogida por mera simpatía personal o por ser deuda de campaña.


Afortunadamente para mí, los diálogos que sostengo con los Cardiel son precisamente para ello, aclarar que las responsabilidades deben estar en las manos adecuadas y no en corsarios de tinta y teoría que ni siquiera han tenido un curso de relaciones sociales ni diplomacia. Vamos, son el tipo de puestos y personas que logran enemistar figuras presidenciales con los votantes que los pusieron en tan delicado puesto.

Ahí mi sugerencia al ayuntamiento y regidores, abusados con el personal que los representa.

Messy Blues

1 comentario:

ciudadeseducadoras dijo...

Lo que pasa Messy Blues es que eres una estrella con luz decayendo, ya veras que tus buenas propuestas no pasarán de ser una excusa de la falta de dinero, el cual no hay para otro proyecto que no sea de las ocurrencias de ellos, de los que están ahí y más concretamente de los ediles.
Lo bueno es que das nota.