Si me conoces no alardees

Si me conoces no alardees, yo se quién soy

Frase del día:

lunes, 19 de diciembre de 2016

Esa cosa llamada "Navidad"

Navidad para herejes

Cuando era un chiquillo qué alegría.... jajajaja, ya en serio. Hola a todos los que suelen tener ese mal hábito de leer mis improverbios autosatisfactorios. Primero un abrazo y gratitud por ello y luego otro abrazo por las fechas que estamos pasando en estos días (diciembre). Comienzo realmente este post recordando mi niñez, mi adolescencia y mi juventud (ajúa!) cuando tradicionalmente, y dentro de lo disfuncional que pudieran haber sido ambas ramas de mi familia (materna y paterna) siempre se celebraban en casa, o en las casas de la familia, tanto el Grito de Independencia como el Día de Muertos, la Navidad y el Año Nuevo y era casi un pecado no estar presente. Generalmente eran las dos abuelas las argüenderas en estos asuntos, si había piñatas y cosas así era por la abuela paterna y si había romeritos y otros manjares bien mexicanotes era por la abuela materna, aune la paterna también se lucía en las cenas, cabe decir. Ambas se encargaron de que las mandarinas, los cacahuates, la colación, las luces de bengala, los villancicos, las cañas, el pastel y todos esos asuntos de Navidad nunca se perdieran y también en ambos casos, los dos abuelos masones, ambas trataban de mantener el peso católico de la tradición familiar.

Luego entonces crecí con ello. Cambié más de una vez de ideología pero siempre mantuve una idea concreta de algo en qué creer. Nunca me decidí por el comunismo a pesar de que muchos en el colegio y en el bachillerato cacareaban tanto a favor del Che Guevara y héroes de ese tipo. Contestatario era, rebelde era, cuestionador del sistema era pero nunca fui un "Revolucionario Rojillo" viviendo de sueños de héter. Creo que soy un tanto materialista y hasta consumista en un grado determinado pero definitivamente nunca basé mi moralidad en regalos ni para darlos ni para recibirlos. Ciertamente a más de uno y una les di algún regalo y también recibí pero en realidad yo siempre fui más espiritual que pose y a todo mundo le deseaba felicidades creyeran o no en la navidad.

En los años 80 tuve probablemente una suerte de encuentro cara a cara con las razones de creer. No le llamaremos Dios, ni Cristo, ni Buda, ni Alá, ni Mahoma ni ningún nombre que le etiquete como "Religión", podríamos llamarlo "Yo interior" o "Guitarra" o "Grammy" o el nombre y la forma que más se nos antoje. Si mal no recuerdo fue en 1989 en los días previos al aniversario de la muerte de Lennon cuando yo me quedé unos días en casa de mi tía, allá en Salvatierra, Gto. y llamaron a la puerta unos testigos de Jehová. En ese entonces su retórica era más agresiva y burda que la actual y te culpaban básicamente hasta de cagar. En mis divertidas respuestas los desesperé y una señora me dijo lo siguiente:

"En la Biblia no dice nada de celebrar la Navidad, no cree que si Dios quisiera que la celebráramos lo hubiera escrito en la Biblia?"

Mi expresión, según recuerdo, fue entre divertida y con la más abierta cuestión acerca de que no podía creer que alguien pudiera pensar que Dios mismo se pusiera a escribir un libro y que de hecho diera esa persona por sentado que eso hubiera sucedido realmente. Incluso en esa época me quedaba claro que la Biblia es el más hermoso y mejor logrado libro basado en "Metáforas" redactadas por la poca gente letrada de cada época correspondiente al documento. Es decir, técnicamente hablando la Biblia fue posiblemente escrita por los responsables de la iglesia en turno y haciendo uso de algo que estaba virtualmente negado a las mayorías: la escritura. Si tuviera que opinar en una conferencia científica acerca de la Biblia, lo más seguro es que tendría que dejar mi imaginación de lado y centrarme en el hecho de que incluso los Apóstoles (pescadores) no sabían leer y por lo mismo tampoco escribir, algo que arrojaría una fiera discusión con los representantes de las iglesias que me acusarían de herejía. Lo cierto es que leer y escribir, en esa época, era un privilegio de muy poca gente, toda ella muy poderosa.

La cosa es que medio en risas y medio con cierto respeto, le respondí a la doña algo que les hizo enfadar:

"Pues la neta no sé si Dios quisiera o no que la Navidad se celebre pero creo que hasta debería estar agradecido de que lo hagamos"

La doña puso una cara que casi provocó que me miccionara de la risa y en seguida alegó:

"Cómo cree????, cómo puede usted decir eso?"

Le respondí de nuevo:

"Sí jefa. La neta si la Navidad es un invento del hombre, y es muy seguro que lo sea, es probablemente la única época del año en que, mal que bien, tratamos de encontrarnos entre nosotros y hacer de este mundo dificil algo llevadero. Si Dios existe, según yo, debe predicar el amor, no todas esas idioteces de sumisión funcional"

A los testigos les ganó la dignidad. Se enfadaron tanto que simplemente se despidieron y me dejaron en paz.

Ese mismo año me había hecho amigo del Padre Beto (Roberto González), que era un sacerdote al que le gustaba tocar la guitarra y quería modernizar sus grupos de dinámica juvenil. Me invitó a pertenecer al coro y todo eso y acepté, la verdad, porque había cada forro de vieja ahí que no podía decir que "No". El valor agregado fue la actitud de los weyes que tocaban en el coro, bien encabronados porque yo entré al coro y les metía escalas de Blues a las canciones de la iglesia (me cae que soy el diablo, jajajajajaja). Así que el Padre me invitó a un retiro espiritual al que no me negué porque, confieso, yo andaba buscando ligue. Aquí la sorpresa.

Las dinámicas de esos retiros pueden describirse de muchas maneras. Yo era un bastardo, honestamente, me portaba mal, era rebelde y en las charlas cuestionaba a los expositores. Incluso al Cura Tiburcio Salmerón se le ocurrió mencionar el existencialismo como un llamado del maligno y, ya sabrán, saqué mi mejor discurso sobre el tema (en el que obviamente le llevaba ventaja al Señor Cura) y mis compañeros asistentes casi me excomulgan. Ironía; el Señor Cura se hizo mi amigo después de eso y me pidió prestados algunos libros sobre existencialismo, de hecho hasta de izquierda y socialismo terminamos hablando en algún momento. Por si pensaban que los sacerdotes no leen.

Un día previo a terminar el retiro, los encargados de la dinámica nos pidieron a todos los asistentes nuestros datos; ya saben, dónde vivíamos, gente conocida y/o familiares, etc., por si algo nos sucedía, nadie sabía lo que pudiera pasar. Bonita estaba la cosa. Ese mismo año, en Junio, mi abuela había vendido su casa de Salvatierra y se había largado a la Ciudad de México, mi tía difícilmente podía moverse de donde estaba y, en resumen, yo de plano andaba de caridad por todos lados sin nadie en concreto que respondiera por mí. Se me ocurrió dar los datos de un tío (cuya hija también había asistido al retiro) y los datos de la única familia que me apoyó en tiempos duros y difíciles. No digo nombres pero ellos hacían ropa de piel.

El último día sucedió algo bien extraño. En plena charla sobre mística de creencias, una de las responsables del retiro se puso a gritar como la loca llamándonos hipócritas a todos, dijo que nos sentíamos bien crísticos y bien "buena onda" por la euforia del ambiente pero que en realidad éramos unos pinches hipócritas y que en cuanto se nos pasara "el gusto" íbamos a ser los mismos hijos de puta que acostumbrábamos ser siempre, que en balde el dinero que habíamos gastado para el retiro (al cabo yo ni había pagado, jajajajaja). Obviamente no con esas palabrotas pero en esencia fue lo mismo. Yo me levanté y le dije que no debería decirnos esas cosas y ella me respondió que YO era el peor, el más hipócrita de todos. Sentí tanto coraje que me salió lo justiciero y comencé a alegarle y de pronto todos comenzamos a alegarle, todos comenzamos a "crucificarla" por haber atacado nuestra integridad espiritual. "Redepente" un seminarista, el que estaba dando la plática, tranquilamente interrumpió a nuestra atacante y la abrazó consolándola (lloraba) mientras nos decía que en realidad se trataba de una manera de medir lo aprendido. Hijos de la guayaba, y yo ya me había mega encabronado!!!.

Aquí viene la parte realmente chida....

Encontrábame yo solitario en la habitación que se me había asignado, pensando, pensando, pensando: Qué era yo? Quién era yo? Qué misión en la vida tenía yo en este mundo matraca? y que a todos les comienzan a dar cartas de sus familiares. Se formaban en grupitos, a unos les habían escrito sus padres, sus hermanos, sus esposas, sus esposos, sus novias, sus novios, sus hermanos, sus hermanas. Yo de a perro. Nunca en mi vida me había sentido tan alejado de mi familia, de mis amigos de siempre (que a raíz de que me convertí en rico venido a menos se redujeron bastante), de gente a la que quería mucho, en fín, me sentí, no solo, lo que le sigue a sentirse solo. Salí al patio con la venia de los encargados a fumarme un cigarro y, oh sorpresa, repentinamente alguien me dio cartas, unas de la familia de la ropa de piel y otras de los hijos de mi tío (o sea, mis primos). Quedé helado, frío, petrificado, mudo como un idiota y perplejo de todo eso. Unos meses antes me había callado el dolor y la frustración que me había provocado que mi abuela vendiera la casa y que, peor aún, me dejara a mi suerte después de que yo no había ejercido la carrera por dedicarme a apoyarla desde 1985 (estamos hablando de que esto sucedió en 1989, ok?). Esto es, la venta de la casa (en realidad la abuela casi la regaló) fue una afrenta familiar que me había convertido en uno de los sujetos cuya caída social había sido más escandalosa que si me hubiera vuelto loco (ya estaba, así que no hacía falta) en una sociedad tan material como era la crema y nata de Salvatierra (y que ni ha cambiado, por cierto). Me encerré en la habitación, le di dos respiros al ventolín (eit, soy asmático) y en ese momento, en ese preciso instante me encontré de frente, cara a cara con lo que quiera que ustedes o yo podamos llamar "Dios". Fue una forma de sentir su pregunta, casi riendo: "Me decías?". Dejé salir todo, la afrenta familiar, el dolor de llevarlo a cuestas, la humillación de confrontar el vero falso aprecio de la gente que me había rodeado en tiempos de riqueza, el alejamiento de gente que amaba pero para la que yo había dejado de ser "Tonatiuh el del Bohemio", la pérdida de algo a lo que me sentía enraizado y esa extraña sensación de estar abandonado incluso por mí mismo. Salieron los "Por qués", los "para qués", los reproches y al final la gratitud. Al final de ese raro pero genial episodio descubrí quienes eran realmente parte de mi mundo pero, aún más importante, descubrí que afortunadamente me tenía a mí mismo. No podré dar la certeza de que Dios exista, al menos científicamente hablando, pero de que me quedó claro que me mandó el mensaje, me quedó clarísimo.

Después de eso cometí muchos errores, claro. No en balde me divorcié ya una vez, he tenido conflictos con mis hijos y hasta con mi madre pero mantuve la certeza de que había una respuesta más a todos esos tormentos de los que no conseguí librarme y fue a través de un colega con el que solía confrontarme mucho que descubrí que para recorrer el camino hay que creer, creer en uno mismo y ese es el punto, el asunto este de la Navidad no radica en celebrar el cumpleaños de Jesús, al menos no como mero festejo diplomático. Ni siquiera existe un dato fidedigno de cuándo nació Jesús (iniciado esenio) pero existe una época del año para encontrar a ese pequeño niño que nació en algún lugar, tal vez de nuestro corazón, de nuestro espíritu, de nuestras canciones, de nuestras novelas, de lo que sea pero en alguna parte nace cada año y se renueva.

No creas en Cristo si no quieres, no creas en Dios si no quieres y no creas en absolutamente nada pero nunca, nunca, cometas el pecado imperdonable de no creer en ti mismo porque al final eres la única persona que se quedará contigo. Creer es tener fe y a veces esta debe ser ciega y esa cosa llamada Navidad no está en los regalos comprados en Liverpool, ni en el celular de última generación, ni en los dulces, ni en nada material. La Navidad está en la sonrisa de tu gente y en su felicidad de tenerte cerca pero aún más allá, está en ese "algo" que se llama "Integridad".

Así las cosas lectoras y lectores

Pásense la Navidad más increible de sus vidas crean en lo que crean y que este 2017 esté cimentado en la fe en ustedes mismos!!!!

Los deseos del Messy Blues

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