Si me conoces no alardees

Si me conoces no alardees, yo se quién soy

Frase del día:

jueves, 15 de diciembre de 2016

Tan solo en un segundo, hace 17 años

Cuando la imprudencia nos alcanza
Recordando a quienes partieron hace 17 años

Dejé pasar un día un poco a propósito y otro poco por el poco tiempo disponible con el que cuento pero desde luego aquel fatídico accidente en la carretera Celaya-Salvatierra acaecido el 14 de diciembre de 1999 entre una pipa de gas y el autobús Flecha Amarilla ha quedado marcado con sangre para Salvatierra, Tarimoro y algunos turistas de otras regiones cercanas. A propósito lo dejé pasar para publicar algo al respecto porque tuve la poca fortuna de perder a personas muy cercanas en el sentido de amistad, muy apreciadas y algunas que conocía de hacía mucho tiempo y que eran parte del entorno con el que, en parte, crecí en mis constantes viajes para visitar a la abuela en Salvatierra.

La Sra. Amparo Bocanegra, mamá de tres amigos míos (Karina, Fernando y Anita) y esposa de un amigo de la familia (Fernando Rosillo) pertenecía a ese entorno y aunque nos tratamos realmente poco y circunstancial era también muy apreciada por la abuela (para mostrar la importancia de ello, mi abuela fue la que me crió) y por ende en cada oportunidad que nos encontrábamos en el camino diario entre la herrería de los Rosillo Bocanegra y las rutas de la ciudad, intercambiábamos saludos y sonrisas con aquella confianza que sólo había entre gente entrañable. Ya saben, en el Barrio de San Juan (Salvatierra, Gto.) de un modo u otro éramos una suerte de familia, incluyendo a los rebeldes "Chorure" que, pese a que suena a una temible pandilla en realidad eran algo así como los guardianes de la casta y la dignidad de nuestras calles, rivalizando con los "Black Widows", los equivalentes de la zona Zaragoza-Guadalupe en la misma ciudad. Así y todo, la Sra Amparo, su esposo y sus hijos éramos parte de ese mundo que tanto amábamos.

Lo anterior fue una especie de costumbre casi ritual por al menos 19 años y poco antes de que eso dejara de ser igual yo estaba contratado a sueldo como mercenario en el partido harto famoso por "dinosáurico" que por ese entonces, 1997, gobernaba la ciudad. Se preparaban para reconquistar, sin lograrlo, el ayuntamiento y en el cuartel general de la campaña de ese partido conocí a Claudia Ochoa. Menuda, más bien temerosa y algo estridente pero buena persona. Era joven, de hecho no llegaba a los 17 cuando la conocí pero tenía una peculiar habilidad para escribir rápido en la máquina mecánica (de escribir) y la computadora. No sabía ni la "O" por lo redondo de cómo desenvolverse en el entonces famoso y de moda "Windows 95" pero mostraba una gran disposición para aprender, cosa que hacía rápido. Cuando las elecciones las perdió el partido y las ganó el partido amarillo (encabezado por mi también amigo Moisés Ramírez) todos tuvieron que ponerse a buscar chamba ya que habían perdido el chance de ello al perder, insisto, el partido que estábamos apoyando así que a Claudia la ayudaron a entrar a Presidencia Municipal como secretaria y al poco yo ingresé al mismo lugar pero invitado primero por Salvador Morales Rojas y posteriormente ratificado por el propio Moisés Ramírez para el puesto de revisión de estadísticas en el área de "Desarrollo Social", en esa misma oficina Claudia Ochoa se desempeñaba ya en el papel de "Promotora Social" visitando comunidades y obteniendo datos para los polos de desarrollo. Fueron 2 años de ida y vuelta y la interacción con Claudia era normal y de hecho cordial. Me tocó verla reir, preocuparse, apoyar y hasta llorar (y eso duele). Claudia Ochoa, la chica de los dientes prominentes, de mal carácter a veces y de una generosidad poco usual.

También recuerdo a mi amiga Elia. Ella más bien guapa y de carácter alegre. Le ayudé a ingresar al Módulo de Riego precisamente en el 97 pero yo la conocía desde antes, cuando ambos estábamos solteros y éramos parte del coro de la parroquia de La Luz (confieso mi participación nada más por fregar a los que ya se sentían fregados con mi presencia y por las chicas que iban al coro) unos ocho años atrás. Su esposo, Armando, había sido mi jefe inmediato mientras estuve en el IEEG y de ahí surgió que Elia necesitaba trabajar. Otros tiempos ciertamente. Elia, siempre sonriendo y con comentarios cordiales todo el tiempo.

Y así me quedo con incontables nombres a recordar de gente que apreciaba y con la que uno se tomaba un trago (es un decir), tan defensora de su calidad de Salvaterrense y tan mexicana como el honor de serlo implica. Y entra el juego de aquella diferencia entre ser honorable y ser irresponsable. De poderosos que pueden pagar el precio a autoridades corruptas para tapar los pecados de sus empleados que estúpidamente pueden manchar el nombre de sus empresas. Gas Nieto de las más infames, irresponsable y de peor calidad. Flecha Amarilla por su parte ha sido la que ha llevado la comunicación y transporte de la gente en el bajío mexicano; cuidadosa de sus principios y celosa, al menos por ese entonces, de la seguridad de sus clientes (pasajeros). Un lunes 14 de diciembre en que hay tantas prisas y pendientes que los unos se olvidan de las prioridades de los otros.

Ese lunes teníamos ensayo nosotros, habríamos de presentarnos en Tarimoro en un evento público el sábado siguiente. Polo Carranza, baterista de aquel grupo y avecinado en Tarimoro precisamente, llegó espantado. Fue testigo de cómo la pipa de Gas invadió el carril del autobús y embistió de frente causando uno de los peores desastres en la historia del municipio. Por la alguna razón, y a pesar de que insistí, la historia oficial que PGR se quedó fue la contraria, que el autobús chocó a la pipa. Buen billete habrá pagado Gas Nieto, me queda claro. En un segundo la historia de Salvatierra cambió, cambiaron muchas vidas y muchas razones así como cambió la motivación que ensombreció de por vida a los dolientes de las víctimas.

Horas antes yo cerraba mi oficina y Claudia Ochoa planeaba ir a Celaya, al cine dijo. Sola porque a ella le daba la gana ir al cine y quería darse ese gusto. Sin embargo parecía no querer irse, fue la última antes de mí en dejar la oficina. Al final se despidió de los que deambulaban por los pasillos, preocupada, a paso lento. Volteó varias veces a todos lados como queriendo retenerlo todo. Su sonrisa fue lánguida, extraña y hasta un tanto triste. "Nos vemos mañana Tonatiuh", dijo. "Ándale Claudia, vete con cuidado", dije yo. Me da la impresión de haber sido el último que le dijo eso. Ya en el ensayo me burlaba de Polo por su "susto" y ambos hacíamos bromas. Al otro día Salvatierra era un funeral general. El auditorio fue ocupado como anfiteatro, cuerpos llegaban y a discreción se entregaban a los familiares y me encontré a un compañero del trabajo, en el camino, que lloraba a mares. En cuanto me vió se abrazó de mí y me dio la mala nueva "Claudia Ochoa venía en el camión". Mi primo Miguel, policía, estaba un poco más allá, lívido, con cara de más asustado aún. Desde el terremoto del 85 ni él ni yo nos habíamos enfrentado a algo así, mucho menos en Salvatierra. Volteó y me dijo: "Me tocó cargar su cuerpo. No puedo creerlo...", poco más adelante se quebró y comenzó también a llorar estentóreamente, casi convulsivo. Miguel también era amigo de Claudia.

A lo largo del día todos en presidencia tuvimos que enfocar nuestras actividades al apoyo colectivo, a facilitar los trámites, a hacerlo menos doloroso. Vino Carmen Cornejo (gran amiga que también ayudé a entrar al Módulo de Riego) y me dio la siguiente nota: Elia, nuestra amiga mútua, también estaba entre las víctimas. Fue en el café de Miguel Zárate, a un lado de presidencia, en donde recibimos él y yo la otra mala nueva: Amparo Bocanegra, esposa de nuestro amigo Fernando Rosillo también venía en el camión.

Sentado ahí con un café entre las manos mientras Miguel Zárate llamaba a todo el mundo, me quedé pensando, en shock, sin saber qué hacer o decir, pensando:

"Señor, estas cosas no pueden ser tu voluntad. No puedes querer que tanta gente sufra"

A mí me tomó días echarlo fuera pero yo era y soy yo, poco indicado para hacer o decir pero los que quedaron vacíos, dolidos, lastimados, sin sus razones para seguir, qué de ellos. Es muy lamentable pensar que la poca responsabilidad de un chofer que carga material flamable y una unidad pesada sea cubierta por una empresa que poco se comprometió a evitar un siniestro de ese tipo. Es lamentable que la corrupción estatal haya permitido y permeado legalmente la categoría de criminalidad de todo eso. Gas Nieto aún sigue con sus números y su dinero pero Flecha Amarilla, señalada como culpable tuvo que tratar de limpiar su nombre. Pero eso la verdad es lo de menos, las vidas de los dolientes cambió para siempre, dejaron por mucho tiempo de celebrar las fiestas decembirnas y les tomó 17 años entender que la vida había cambiado. Cambió hace 17 años en un segundo. Un segundo tomó para ello, algo que no se ha superado del todo en largos y espinosos 17 años.

En Memoria de las víctimas de ese fatídico día
En Memoria de Amparo Bocanegra
En Memoria de Elia
En Memoria de Claudia Ochoa
En Memoria de quienes esté olvidando, que son muchos

In Memoriam

Respetuosamente:
Messy Blues

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