viernes, 20 de enero de 2017

La Coronación de su Majestad Trump

"Nadie puede determinar la libertad de un pueblo basándose en el hecho de sentirse agraviado de manera personal ya que la tiranía no la ejerce el pueblo sino sus gobernantes..." Messy Blues, 2001

En medio de un espectacular despliegue de poder y ostentación ceremonial Donald J Trump finalmente se sintió más que satisfecho por lograr lo que el mundo no quería que lograra: ser Presidente de los estados Unidos de América. Entre protestas y aplausos, el empresario más cuestionado del mundo se envistió como el hombre más poderoso del planeta probablemente muy orgulloso de haber pisoteado a sus oponentes, feliz de haber comprado el empleo más cotizado del mundo por el puro placer de autoconsiderarse con fantasías el dueño de los destinos (así es como él ve las cosas). Presto a desquitarse de su inventado agravio con los mexicanos, los chinos y todo aquel de los que él considera "Enemigos de Estados Unidos" pero que en realidad son sus fantasmas que no le permiten dormir.

Analizar lo que nos espera con "La Era Trump" resultará necio y no se puede decir nada que los expertos y analistas profesionales no hayan dicho ya a estas horas. No obstante, apreciar a la persona y no al ya Presidente resulta interesante si se hace fríamente. Es decir, sin apasionamientos ya sea a favor o en contra (aunque en este sentido el señor goza de más odios que simpatías en el mundo) y apreciarlo todo desde el ángulo de lo que realmente Donald Trump ha demostrado ser. Ya en publicaciones anteriores mencioné los muchos fracasos del empresario pero también convendría destacar su evidente éxito en algunas otras cosas. Ser el propietario del concurso más caro del mundo como es Miss Universo ya son palabras mayores.

Pero Trump no es solamente un empresario medianamente exitoso sino una persona atormentada por el fantasma de una civilización que logró aplastar la idea del "American Dream" en su contexto White Country People (gente campirana blanca) y en la élite del sajonismo supremacista sufriendo desde sus raíces antisegregacionistas con Abraham Lincoln. Revisando la historia encontramos a un joven Trump hijo de una familia absolutamente WASP que empeñó sus ideales a los cuentos europeos de hadas plagados de todo lo concebido en un Estados Unidos de raza blanca oprimido por el progreso incluyente del siglo XX a partir de los locos años 60. Donald Trump se forjó así su propio mundo en el que los blancos son las víctimas y héroes en tanto las razas diversas (que a final de cuentas son las que componen a Estados Unidos como nación) son los tiranos, invasores y lacras que destruyeron su alguna vez grandioso país blanco. Entre las muchas cosas que el Señor Trump desconoce o pretende desconocer es que las razas mayoritariamente blancas lo son en algunos países de Europa pero no en un país que se levantó de las colonias de varios países y en el que estos forzaron a otras razas a habitar un territorio que moralmente nunca les perteneció.

Ahora bien. La bandera de campaña que enarboló Trump fue hábilmente manejada como comerciante vendiéndole al 40% de los habitantes de EEUU la idea de que los invasores (inmigrantes) les habían robado sus empleos, que invaden su país y que incluso valiéndose de falsos tratados internacionales les habían arrebatado sus industrias y habían despojado a Estados Unidos del progreso y del patrimonio. A lo anterior habría que rebatir con el hecho de que podría haber algo de verdad en ello (ha quedado más que probado que a los mexicanos les resulta más fácil y cómodo migrar al país vecino para ganar rápidamente en dólares que ocuparse de remover a los malos gobiernos en México -que al fin y al cabo han sido los que han puesto al país en pobreza crónica-) pero también existen otras verdades. La de inicio es que lo que hoy es Estados Unidos ocupa en su 50% de territorio que le fue robado a México a través de Antonio López de Santa Anna. O sea, la mitad de Estados Unidos es de origen mexicano. La siguiente verdad es que el resto de su territorio es el resultado de invasiones y matanzas a pueblos indígenas por parte de ingleses, franceses y holandeses en los tiempos finales de las colonias. Resultado de lo anterior es que la supuesta supremacía blanca se reduce a un pequeño número de potentados armados hasta los dientes que se hicieron de un país a base de la fuerza y no de la gloria, lo que resultaría un tanto vergonzoso si se piensa bien.

Pero un detalle que Donald Trump no solo pasa por alto, parece negarse a aceptarlo, es el hecho de que su gente también ha invadido nuestro país. El 58% de las extensiones de costa han sido ocupadas (y privatizadas!!!!!) a favor de empresarios que, en un 80%, son estadounidenses. Ciudades como San Miguel de Allende, Guanajuato, Puerto Vallarta, Cancún y algunas otras también han sido privatizadas a favor de comunidades estadounidenses. En México a los ciudadanos de Estados Unidos de hecho se les facilitan trámites y procesos en privilegios que al ciudadano mexicano común no se le permite, el propio Donald Trump tiene propiedades en nuestro país de las que paga pocos impuestos y bajísimos salarios. La exportación de productos mexicanos a EEUU produce ganancias al límite del costo bajo y pocos son los beneficios reales en tanto los productos de importación son groseramente costosos para el ciudadano mexicano promedio. Su moneda, que dicta el mercado no se por qué, circula alegremente por todo el planeta condicionando sus sobrecotizaciones sin garantizar que exista un pedacito de oro respaldando cada billete de esos que, como ya dije, circulan costosamente por todos lados. No he mencionado que Estados Unidos es por mucho el país más intervencionista del mundo y ha encabezado galimatías como Vietnam, Irak y otros que han puesto en jaque a su propio pueblo. Cómo entonces es que Donald Trump habla de que México y China han perjudicado a su país??????.

El punto es que hoy, en su toma de posesión, Donald Trump tendrá que disfrutar su pírrico triunfo al máximo porque en el futuro le esperan una serie impresionante de desengaños gobernando un país que está lejos de ser ese Estados Unidos Blanco que tanto ama. Tendrá que modificar el contexto de sus promesas de campaña y tendrá que enfrentarse al hecho de que Estados Unidos es una responsabilidad mucho más grande que decir idioteces en Twitter. Tendrá que darse cuenta que se ha convertido en el hombre más impopular del mundo.

Es cuanto.

Messy Blues

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